En Jesús se cumplen las antiguas promesas: el consuelo de Jerusalén, el regreso de los deportados por un camino recto, la recompensa de quienes supieron esperar. Él es el Buen Pastor que vino a salvar lo que estaba perdido.
Aunque hemos recibido y abrazado la salvación que Dios nos ofrece, seguimos siendo frágiles. Las tentaciones, las heridas y los cansancios suelen desviarnos del camino. Pero Dios, por medio de su Hijo, continúa buscándonos. Y cuando nos encuentra, no nos reprocha: nos toma con ternura y nos carga sobre sus hombros.
Adviento es tiempo de esperanza, tiempo para caminar hacia el Pastor que nació en Belén para amarnos con un corazón como el nuestro. Es tiempo de esperar con la certeza de que siempre estamos siendo buscados por Aquel que se alegra cuando nos encuentra.


