El Adviento es una invitación a volver a soñar: en nuestras familias, en los barrios, en la sociedad, en la Iglesia. A animarnos a proyectos nuevos, causas justas y gestos que despierten nuestro corazón adormecido. Aquí está la conversión real: la que toca toda la vida y no deja nada como antes.
El Reino de Dios está en marcha. El mundo nuevo se acerca. La justicia, la paz y el perdón están llamando a nuestra puerta.
Si algo cambia en nosotros este Adviento, si damos aunque sea un paso hacia el Reino, habrá valido la pena preparar la Navidad.
Se trata de soñar y trabajar, de esperar y luchar, de creer que sí, que realmente vale la pena construir un mundo distinto.


