Necesitamos comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas y también sus heridas. No se trata de calcular fechas ni buscar profecías ocultas, sino de discernir si los signos de nuestro tiempo nos acercan o nos alejan del Reino de Dios.
Muchas veces cargamos pruebas, incomprensiones, dolores o pecados. Aun así, Jesús nos dice: “Levántense, alcen la cabeza”. Lo que parece destrucción, para el creyente es muchas veces el inicio de algo nuevo que Dios está ofreciendo.
Permanezcamos vigilantes. Cada momento puede ser un paso de Dios, un tiempo de gracia y de encuentro con Aquel que viene siempre a salvarnos.


