ORANDO CON LA PALABRA

Jesús no condena el bienestar, pero no hay verdadera riqueza si perdemos la libertad, la compasión, la justicia, la apertura al otro y la confianza en Dios. La riqueza que no se comparte, que encierra el corazón, que excluye y acumula mientras otros no tienen lo necesario, es miseria disfrazada.

La sed de poseer es un mal profundo del corazón humano. La codicia, el deseo de dominar, de sobresalir, de tener siempre más, son como drogas socialmente aceptadas. Se llenan las casas, pero se vacían las almas. Se multiplican las cuentas bancarias, pero se apagan los vínculos. Se agranda el ego, pero se achica el corazón.

Jesús nos llama a dejar atrás el espejismo de las cosas y abrazar una riqueza que no se corrompe: la del corazón abierto, la del pan compartido, la de quien pone a Dios en el centro y hace del hermano su tesoro.

Ser ricos ante Dios no es tener mucho, es dejarnos llenar por Él. Es permitir que su amor nos libere de la idolatría de las cosas y nos devuelva la alegría de vivir con los brazos abiertos y el corazón encendido.

NOTICIAS DEL PAPA LEÓN


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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.