ORANDO CON LA PALABRA

Cada persona vive según una escala de valores, y lo que busca como seguridad termina marcando su manera de vivir. Por eso Jesús completa esta enseñanza hablando del ojo como lámpara del cuerpo: “La lámpara del cuerpo es el ojo”. Nuestra mirada es la que le da color a la vida. Si miramos con un ojo sano, todo se ve con claridad; pero si nuestra mirada está enferma, todo se ve nublado.

Para los judíos, tener un “ojo sano” era ser generoso; en cambio, un “ojo enfermo” era símbolo de tacañería. La generosidad ilumina la vida, la hace más plena y más humana.

Lo contrario de acumular es compartir. Quien está apegado al dinero vive con miedo y se encierra en sí mismo. En cambio, el que sabe dar se vuelve más libre y más humano. Para Jesús, el verdadero valor de una persona se nota en su capacidad de desprenderse y amar. En cambio, el egoísmo, que no puede salir de sí mismo, termina vaciando a la persona por dentro.

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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.