Cuando se pierde el espíritu de la norma, ésta se vacía de contenido, se tergiversan todos los valores y se pierde la capacidad para el verdadero discernimiento. Se termina siendo esclavo de la norma, que debería orientarnos y protegernos.
Dios no nos quiere oprimidos y esclavizados, ni caídos, ni deprimidos, ni postrados. Él nos quiere en pie, nos quiere libres. Estar en pie significa libertad, confianza, trascendencia y esperanza. Dios no ha creado al hombre para que viva doblado, sino para que viva con dignidad. Nos invita a poner nuestras cargas en Él.
Que nuestras palabras y, sobre todo, nuestras obras, toquen y enderecen a quienes pasan encorvados a nuestro lado, para que puedan alegrarse con las maravillas de Dios.


