Señor, yo sé, todos sabemos, que con rezar solamente no alcanza, pero cuánta necesidad tenemos de una oración afectuosa, confiada, sostenida, perseverante. Nos pacifica, nos da claridad, nos lanza confiados al encuentro de los demás y nos hace sentir hijos mimados por el amor infinito e inmerecido de un Padre misericordioso que nos regaló nada menos que a su Hijo para mostrarnos la dimensión de su amor. Por eso entendemos a Pablo y su consejo: recemos sin cesar, sí, siempre, en todas partes y en todo momento para vivir en tu presencia, o sea, en tu paz, en tu gracia, en tu misericordia.No hay texto alternativo automático disponible.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Post Navigation