La comunidad de discípulos, al reconocer a Jesús como su Maestro y Señor, debe ir más allá de una simple confesión verbal y actuar en consecuencia. Seguir a Jesús no es una opción, sino la respuesta natural a la aceptación de Jesús como hijo de Dios y salvador. La vida del discípulo se caracteriza por un “servicio hasta la muerte”, una entrega total que abarca tiempo, recursos, comodidades, razón humana y sentimientos. Al igual que el criado no es más que su amo, la cruz, el servicio a los demás hasta la muerte de nuestro tiempo, comodidades, etc., es donde se manifiesta y revela el poder de Cristo resucitado, y donde se experimenta el “yo soy” de Jesús. Así como el Padre lo envió a Él, Jesús envía a sus discípulos al mundo.

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