La unidad entre los creyentes es la prueba más convincente de la misión divina de Jesús. No son las palabras, sino las acciones llenas de amor las que convencen al mundo. Como bien lo expresa Jesús: “Ámense unos a otros como yo los he amado; en esto conocerán todos que son mis discípulos.”

La unidad que Jesús pide es la cumbre del Evangelio, la “buena nueva” por excelencia. Es el reflejo del amor trinitario, el amor perfecto que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Este amor se manifiesta en la humanidad cuando busca, a través de la unidad, construir un mundo más justo y fraterno.

En definitiva, la última plegaria de Jesús es una invitación a vivir en el amor y la unidad, siguiendo su ejemplo y dejando que el Espíritu Santo guíe nuestros pasos. Es en esta unidad donde reside la esencia del mensaje cristiano y el testimonio más poderoso de la fe.

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