Orar es como entrar en la esfera de Dios y ponernos en sintonía con Él, con la certeza de que Él desea nuestra salvación. Su amor, dador de vida, es una ayuda eficaz, pero solo adquiere realidad cuando encuentra respuesta en nosotros. No se impone, se ofrece como un don gratuito.

La unión con Jesús nos lleva a descubrir que pedir implica también estar dispuestos a dar. Si no estamos dispuestos a dar a nuestros hermanos que esperan de nosotros, no estamos unidos a Jesús, quien nos dio el ejemplo entregando su propia vida. Cuando recibimos lo que pedimos, nos llenamos de alegría, pero cuando damos, nuestra alegría es aún mayor porque nos sentimos amados y amamos, ya que Dios ama al que da con alegría.

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