1.     ALLANAR los senderos y preparar los caminos

El evangelio recoge el mensaje profético de la primera lectura con esta metáfora de ALLANAR los caminos y senderos. Para que se pueda dar una comunicación fecunda es necesario tener buenos caminos, óptimas vías de comunicación. Por eso se hace necesario rellenar, aplanar, enderezar… Eso es ALLANAR, es decir quitar todo obstáculo a la comunicación. Aquí está lo propio para nuestro Adviento: quitar todo aquello que nos impida que el Señor pueda venir a nuestro corazón, ALLANAR el camino. Quitar el obstáculo de las falsas excusas para no orar, quitar el obstáculo de las distracciones superficiales que no nos permiten crecer espiritualmente, quitar todos los obstáculos que nos alejan del Señor. Somos invitados a ALLANAR los caminos para que Cristo entre en nuestros corazones.

¿Qué puedo hacer hoy para ALLANAR los caminos del Señor que viene a mi encuentro? ¿Cuáles son hoy los mayores obstáculos que me separan de Cristo? ¿Qué cosas hacen que el Señor no pueda “tocar” mi corazón? ¿Qué puedo hacer para “quitar estos obstáculos”? ¿Qué implica para mí hoy “rellenar, aplanar, enderezar…”?

2.     ESPERAR un cielo nuevo y una tierra nueva

Más allá de las imágenes un poco fuertes que aparecen en la segunda lectura, lo dominante es la actitud de ESPERANZA. Realmente ESPERAMOS un cielo nuevo y una tierra nueva porque Dios va a transformar todo en una nueva creación. Él hace nuevas todas las cosas. Esta es la promesa de Dios y Dios siempre cumple sus promesas. ¡Qué bueno contemplar desde la fe y “ESPERAR en ESPERANZA” la felicidad y la justicia sin fin que el Señor ha prometido! En este texto bíblico se afirma con claridad la virtud teologal de la ESPERANZA como elemento propio de la espiritualidad del Adviento.

¿Soy un hombre, una mujer de ESPERANZA? ¿ESPERO realmente “un cielo nuevo y una tierra nueva”? ¿Vivo el Adviento como el tiempo propio de la ESPERANZA? ¿Soy capaz de contemplar desde la fe la Vida Eterna del Cielo como un gran regalo de Dios que me invita a ser fiel?

3.     CONSOLAR a mi pueblo

Un fruto de este tiempo de Adviento es ver en el rostro del hermano la presencia de Cristo que viene a nuestro encuentro. Un hermano que a veces tiene un rostro resplandeciente y otras veces no tanto. Ese hermano en situación de dificultad reclama de cada uno de nosotros esa actitud de CONSUELO que en Cristo y desde Cristo cada uno de nosotros le podemos brindar. La primera lectura comienza con este hermoso imperativo que nos compromete en esta dirección: ¡CONSUELEN, CONSUELEN a mi Pueblo! En cuanto bautizados todos somos invitados a CONSOLAR a las personas que, en nuestro tiempo y en nuestros espacios habituales, están necesitados del CONSUELO que viene de Dios. Como discípulos misioneros, como verdadera Iglesia en salida, busquemos CONSOLAR en nombre de Cristo a los atribulados de nuestros entornos.

¿Qué personas atribuladas el Señor pone hoy en el horizonte de mi vida? ¿Qué estoy haciendo por ellos? ¿Qué puedo hacer por ellos? ¿Soy un hombre, una mujer de CONSUELO? ¿Me animo, en nombre y con la fuerza de Cristo, a CONSOLAR a los demás en medio de sus dificultades?

+Mons. Gabriel Mestre
Arzobispo de La Plata

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