Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 12, 32-48
Debemos sentirnos dichosos por vivir ya desde ahora lo que esperamos plenamente en el futuro. Dios nos ayude a vivir hoy conforme a su bondad.
Categoría: Espiritualidad
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
El que cura es Cristo. Él es la fuente de toda liberación. Pero solo podrá obrar a través de nosotros si somos canales limpios, fieles y confiados de su fuerza salvadora.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 17, 14-20
Mediante esa parábola Jesús nos llama a la prontitud, a la vigilancia y al esfuerzo fervoroso en la espera del Esposo.
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
Nuestra esperanza no está fuera del dolor, sino en medio del dolor asumido por amor.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 24-28
Solamente se asegura la vida cuando se pone en las manos del «Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen» (Rom 4,17).
Dios nos dé el coraje de seguir los pasos de Jesús.
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
La Iglesia está llamada a ser como Jesús: a cruzar fronteras, a romper seguridades, a escuchar los clamores de quienes buscan una migaja de esperanza.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 28b-36
Digamos como el pueblo de Dios al pie del Sinaí: ¡Escucharemos y pondremos en práctica sus Palabras!
ORANDO CON LA PALABRA
La reflexión del obispo Eduardo García.
Sin Jesús en la barca, todo se hunde. Pero si Él está, hay paz, hay rumbo, hay salvación.
EL EVANGELIO DEL DÍA
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 14, 22-36
La firmeza de nuestra fe se mostrará no en nuestra capacidad para pensar ideas muy elevadas sobre Dios, sino para reconocer su cercanía en los momentos de crisis.
SAN JUAN MARÍA VIANNEY, PROTECTOR DEL CLERO QUE CURA LAS ALMAS
Juan María Vianney, el Cura de Ars, vivió a mediados del siglo XIX. Ejemplo de gran celo sacerdotal, dedicó su ministerio a la salvación de las almas transcurriendo aún hasta 16 horas al día en el Sacramento de la Reconciliación y el Perdón. Benedicto XVI le dedicó el Año Sacerdotal 2009.

