La reflexión del obispo Eduardo García.
Jesús no duda. Cura al hombre y después pregunta: ¿es lícito curar en sábado o no? Sus adversarios callan. Jesús deja en claro que ninguna práctica religiosa puede utilizarse como argumento para postergar el bien.
Además, pone en evidencia una contradicción muy humana: cuando están en juego nuestros propios intereses sabemos encontrar rápidamente excepciones; pero cuando está en juego el sufrimiento de los demás podemos volvernos rigurosos e inflexibles. A veces somos mucho más comprensivos con nuestras necesidades que con el dolor ajeno.
Jesús vuelve a colocar a la persona en el centro. Para Él, la gloria de Dios nunca puede construirse sobre el sufrimiento de sus hijos. Honrar a Dios significa cuidar la vida, levantar al caído, sanar heridas y devolver dignidad.


