La reflexión del obispo Eduardo García.
Los cristianos corren el riesgo de creernos que somos bienaventurados por recibir los sacramentos o por asistir a misa. Eso, para Jesús y para la vida del Reino, no cuenta, si nuestra vida no está de acuerdo con su propuesta, y si no demostramos que hemos asumido su proyecto.
La única realidad que garantiza nuestra pertenencia al Reino son las actitudes coherentes con la novedad del Evangelio. El Reino no se mide por actos de piedad ni por actos de caridad. El Reino se mide por la justicia, la verdad y el amor con que vivimos y la forma responsable de como asumimos nuestra existencia. Así, podremos ser dichosos como fue María, no solo por ser la que engendró y amamantó a Jesús, sino por escuchar atentamente la Palabra, rumiarla en nuestro corazón y vivirla.


