La reflexión del obispo Eduardo García.
Necesitamos aprender a pedir. No se trata de presentar a Dios nuestros caprichos para que bendiga nuestros proyectos. Orar es abrirnos a su proyecto, pedirle que nos ayude a descubrir su Reino y nos dé la valentía necesaria para construirlo.
Por eso Jesús termina con una promesa sorprendente: el Padre dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan.
Quizás Dios no siempre nos dé exactamente aquello que pedimos, pero nunca dejará de darnos lo que verdaderamente necesitamos: su Espíritu, para levantarnos, discernir, esperar y comprometernos.
La verdadera oración no nos encierra en nuestros problemas. Nos abre los ojos, ensancha el corazón y nos pone en camino.


