La reflexión del obispo Eduardo García.
María guarda las palabras de Jesús en lo profundo del corazón. Esa escucha será la que le permitirá descubrir, cuando todo parezca terminado, la novedad imposible de la Pascua. Quien aprende a mirar la vida desde Dios puede descubrir esperanza allí donde los demás solamente ven muerte.
También como Iglesia podemos caer en la tentación de multiplicar reuniones, estructuras, programas y actividades y, sin embargo, perder lo esencial.
Una Iglesia demasiado preocupada por tener todo organizado corre el riesgo de convertirse en una empresa religiosa: todo funciona, todo está previsto, pero ya no hay lugar para la sorpresa de Dios, para la novedad ni para la fiesta.
Por eso necesitamos volver una y otra vez a los pies del Maestro. No para refugiarnos de la realidad, sino para aprender a mirarla con sus ojos. La contemplación verdadera no nos aleja de la historia: nos devuelve a ella con una mirada nueva y un corazón comprometido.


