La reflexión del obispo Eduardo García.
La verdadera escucha siempre termina haciéndose vida.
Por eso Jesús amplía su familia. No pregunta quién está más cerca, quién sabe más o quién cumple más. Nos dice que pertenecen a su familia quienes se animan a escuchar su Palabra y hacerla carne en la historia.
María nos enseña ese camino: escuchar, confiar y ponerse en camino. Porque cuando la Palabra entra verdaderamente en el corazón, algo necesariamente comienza a cambiar en nuestra vida y, a través de nosotros, también en la vida de los demás.
Hoy necesitamos una Iglesia que no solamente escuche la Palabra, sino que se deje incomodar por ella. Una Iglesia que no pase de largo frente al dolor, que no calle ante la injusticia y que no se acostumbre a que tantos hermanos queden al costado del camino.


