La reflexión del obispo Eduardo García.
Dios no es un salario que se conquista. Dios es un don que se recibe.
La salvación no es el premio para los mejores. Es gracia. Es misericordia. Es el abrazo de un Padre que quiere que ninguno de sus hijos quede afuera.
Esta es la justicia sorprendente de Dios: una justicia atravesada por la misericordia.
Nosotros contamos horas. Dios mira personas.
Nosotros medimos méritos. Dios mira necesidades.
Nosotros hacemos categorías. Dios sigue saliendo a buscar.
Y esto también cuestiona profundamente nuestra manera de ser Iglesia.
El Evangelio nos recuerda que la Iglesia no es propiedad de los que llegaron primero. Es la casa donde Dios sigue recibiendo a los que llegan últimos.
También hoy hay muchos esperando en las plazas de la vida.


