La reflexión del obispo Eduardo García.
La pregunta sigue abierta: «¿Quién soy yo para vos?». Y la respuesta no se da solamente con palabras. Nuestra manera de vivir termina diciendo quién creemos que es Jesús.
Si creemos en el Jesús del Evangelio, no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento. Él hizo de la compasión una manera de mirar; puso a los últimos en el centro, defendió la dignidad de las personas por encima de prejuicios y privilegios, denunció la hipocresía religiosa y anunció un Reino donde todos pudieran reconocerse hermanos.
Por eso, seguir a Jesús nunca puede reducirse a una devoción privada. Creer en Jesús es comenzar a mirar como Él miraba, amar como Él amaba y comprometernos con aquello por lo que Él entregó la vida.
Hoy corremos el riesgo de tener un cristianismo con muchas respuestas aprendidas y pocas preguntas que nos incomoden. Podemos defender a Cristo con palabras y contradecirlo con nuestras decisiones. Podemos llevar su nombre y vivir según valores completamente distintos a los suyos.



