La fe nos invita a comprometernos con la realidad, no a escapar de ella. Encontrar a Dios supone, como Pedro, animarse a salir de la barca y caminar aun cuando el viento sea contrario. Creer no significa vivir sin dudas ni inseguridades. Jesús no nos ofrece señales que eliminen todos los riesgos; nos invita a confiar en su presencia y a avanzar por un camino que muchas veces se descubre mientras lo recorremos.
La fe no elimina la inseguridad; nos enseña a caminar en medio de ella. Su única certeza es la confianza en la Palabra de Dios, que nos permite leer su proyecto en una historia muchas veces incierta, contradictoria y desconcertante.
Creer no es esperar que Dios haga todo; es dejar que Dios haga también a través de nosotros. Así, incluso las adversidades pueden convertirse en camino de madurez, de salvación y de construcción del Reino.



