También hoy existen muchas maneras de negar al Señor. No solo con las palabras, sino también cuando callamos ante la injusticia, cuando ocultamos nuestra fe por comodidad o cuando nuestra vida contradice el Evangelio que anunciamos. Confesar a Cristo significa hacerlo presente con toda la existencia.
La Iglesia nunca ha crecido por el poder, sino por el testimonio. Los mártires son la prueba más luminosa de que el amor es más fuerte que el miedo. Ellos comprendieron que la cruz no es el final del camino, sino el paso hacia la resurrección.
Por eso Jesús nos invita a permanecer firmes. Quien pone su confianza en el Padre nunca queda abandonado. El Espíritu Santo sostiene a quienes perseveran y les da la fuerza para seguir anunciando el Reino aun en medio de la incomprensión.


