Ante el rechazo, Jesús no negocia la verdad ni busca acomodarse para ser aceptado. Permanece fiel al proyecto del Padre hasta el final. Su aparente derrota se convertirá en victoria, porque la piedra rechazada por los constructores llegará a ser la piedra angular de una humanidad nueva.
El Reino de Dios sigue creciendo allí donde alguien elige la verdad antes que la mentira, el servicio antes que el poder, la misericordia antes que la indiferencia y la esperanza antes que el desaliento. Cada vez que vivimos de este modo, la viña vuelve a dar los frutos que el Padre espera para la vida del mundo.

