La muerte de Jesús no lo alejó de nuestra historia. Al contrario, inauguró una presencia más profunda y misteriosa. El Resucitado habita en el corazón de los que creen y continúa su obra salvadora por la fuerza del Espíritu Santo. Cristo sigue caminando con su pueblo, sigue tocando las heridas humanas y sigue manifestando su amor a través de su Iglesia.
También hoy vivimos tiempos de incertidumbre, cansancio y oscuridad. Muchas realidades parecen desmoronarse y a veces tenemos la sensación de que Dios calla. Sin embargo, el Evangelio nos recuerda que, aun en medio de la noche, el Señor sigue obrando. . Y allí donde un corazón permanece fiel en medio de la prueba, comienza silenciosamente el amanecer de Dios.
