Hoy también necesitamos abrirnos a esa fuerza del Espíritu. En un mundo marcado por el individualismo, la indiferencia y la desesperanza, la vida del discípulo está llamada a ser un Evangelio viviente. Un testimonio sencillo y profético que muestre que la vida puede vivirse de otra manera: desde la compasión, la fraternidad, la verdad y la esperanza.
ORANDO CON LA PALABRA
