Ser hijos de la luz es vivir en la verdad, sin doblez. Es caminar en el amor, sin odio ni rencor. Es dejar de justificarnos y empezar a convertirnos. Porque, como dice la Palabra, el que ama permanece en la luz.
La tiniebla no es solo el error: es también el corazón cerrado, el egoísmo que nos encierra, la vida vivida para uno mismo.
Por eso, hoy la Palabra es clara y fuerte: o dejamos que la luz de Cristo nos transforme, o seguimos caminando en sombras.
Y la decisión no es mañana. Es hoy.

