Jesús Buen Pastor es también medida y espejo para todos los que tenemos alguna responsabilidad sobre otros. En la Iglesia, en la familia, en la sociedad: no estamos para servirnos, sino para dar la vida, para cuidar, para guiar sin apropiarnos de nadie.
Y este Pastor no se queda en palabras. Se nos da en la Eucaristía: como Palabra que ilumina y como Pan que fortalece. Nos alimenta para que entremos por Él… y para que ayudemos a otros a encontrar esa misma Puerta.
Ahí se juega hoy nuestra fe: no en decir que creemos, sino en escuchar su voz, pasar por Él y dejarnos transformar para ser, también nosotros, signos de un cuidado que da vida.

