Entrar por la puerta que es Cristo es tomar partido. Es elegir no los atajos fáciles, sino el camino que construye vida. Es animarnos a discernir entre tantas voces para quedarnos con la que salva. Es hacer de nuestra vida un eco de su voz, para que otros también puedan escuchar, reconocer y seguir al Buen Pastor.
Porque cuando su voz encuentra un corazón disponible, algo nuevo empieza: la vida se ensancha, la esperanza vuelve a nacer y el mundo —aunque sea un poco— empieza a ser distinto.

