No alcanza con cumplir, hay que nacer de nuevo. No alcanza con saber de Dios, hay que dejarse tocar por Él.
El signo de la serpiente elevada en el desierto lo anticipa todo: así como el pueblo fue sanado al mirar con fe, también nosotros encontramos la vida mirando a Cristo en la cruz. Ahí está el amor de Dios hecho entrega. Ahí está la salvación.
La fe no es una idea: es levantar la mirada, confiar, y dejar que esa cruz transforme la propia vida.
Nacer de Dios y creer en el Hijo no es un agregado: es entrar en una vida nueva.
Una vida donde ya no mando yo… sino que el Espíritu conduce.
Una vida donde el amor se vuelve concreto.
Una vida que empieza ahora… y no se termina.

