La Pascua no es solo una noticia para recordar. Es una fuerza que nos atraviesa. Es Cristo vivo que sale a nuestro encuentro en el camino de cada día y nos vuelve a decir: no tengan miedo, alégrense.
Y ahí se juega todo. Porque encontrarse con el Resucitado no es quedarse mirando, es ponerse en camino. Es volver a la vida cotidiana —a nuestra “Galilea”— con un corazón nuevo, con ganas de hacer de la vida una Buena Noticia para otros.
Si la Pascua es verdadera en nosotros, se nota. Se nota en la esperanza que no se apaga, en el amor que se vuelve concreto, en la vida que se entrega.
Porque el que se encuentra con el Resucitado no puede quedarse igual: se pone de pie, sale, y se vuelve testigo de una vida que ya nadie puede encerrar.


