La pregunta vuelve: ¿qué dicen nuestras obras? No alcanza con hablar de Dios; hay que transparentarlo. Que se note que somos de Cristo: que su camino es el nuestro y su amor nos habita.
Entonces, nuestras obras hablan. No como propaganda, sino como vida: signos de un Dios que ama, busca, levanta y quiere vida plena para todos.
Si a Él lo rechazaron, también a nosotros. La fe no evita el conflicto: nos da luz para vivirlo de otra manera.
Es fuerza para amar en el rechazo, sostener la verdad en la confusión y la esperanza en la oscuridad. Es certeza de un amor que nos saca de nosotros mismos.
Entonces, nuestras obras hablan. No como discurso, sino como vida: signos de un Dios que ama, levanta y da vida.
Y no estamos solos: el Señor camina con nosotros. En lo simple y fiel de cada día, nuestra vida se vuelve historia de salvación.
