Reflexiones del prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, cardenal Tolentino de Mendonça, en la Jornada Mundial de la Poesía, 21 de marzo de 2026.
“El aleteo de una mariposa o el aleteo de las sílabas en una palabra encienden dinámicas de sentido, de luz o de oscuridad en el corazón humano. La poesía nos ofrece palabras desarmadas y también desarmantes, porque trabaja con la sorpresa. La poesía es propedéutica al arte de la paz”.
“El algoritmo vive de la repetición. Es un mecanismo sonámbulo, mecánico, que repropone pasos ya dados, mientras que la poesía nos abre al camino no recorrido, a lo aún no descubierto”.
“La poesía es también lentitud, es ceremonia ante la vida, es veneración, es conciencia de que estamos cerca de lo sagrado en lo cotidiano, es valorización de la contemplación y del silencio. En este sentido, la poesía puede constituir una educación espiritual.”
“La literatura es una escuela de lo universal, porque valora lo universal y comprende que las grandes ideas y las imágenes más bellas no tienen verdaderamente autor. Muchos poetas creen que la poesía es preexistente a todas sus formas, y que nosotros podemos sintonizar con ella y escucharla. Y eso nos habla de paz, porque no es la visión contrapuesta ni la reivindicación de lo que me pertenece, sino la contemplación y la afirmación de lo que pertenece a todos”.
“Es una palabra que primero ha sido fundada en el silencio y después puede germinar. En la palabra poética permanece la resonancia del silencio, porque el silencio significa escucha, significa hospitalidad. Así, la palabra poética conserva la sed y la inquietud de la búsqueda, habita la verdad con humildad, pero no la proclama ni la impone. Se deja habitar por la verdad y guarda silencio. La poesía es la palabra que espera, que sabe esperar a todos”.

