ORANDO CON LA PALABRA

Jesús cuenta esta parábola a los dirigentes religiosos que lo criticaban porque recibía a pecadores, publicanos y prostitutas. Con esta historia les muestra algo muy profundo: el amor del Padre no hace distinciones. En el Reino nadie tiene privilegios por sus méritos. La puerta está abierta para todo el que se deja abrazar por Dios.

El perdón no es un premio para los perfectos; es una medicina para los heridos. Y el Reino de Dios no se construye excluyendo, sino acogiendo con misericordia.

Dios nunca se pone en contra de nosotros, ni siquiera cuando pecamos. Siempre se pone de nuestro lado para levantarnos. Se opone al pecado, porque destruye la vida, pero nunca al pecador. Nunca deja de buscar al hijo.

El único “agradecimiento” que Dios espera es que recibamos su amor y lo vivamos con los demás: siendo comprensivos, perdonando, teniendo misericordia.

Solo así entramos en la verdadera fiesta: la del perdón que devuelve la dignidad y reconstruye la fraternidad.

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REFLEXIÓN DE LA PALABRA DE ESTE FIN DE SEMANA

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INTENCIONES DEL PAPA

Hay enfermedades y condiciones muy graves que, sin llevar a la muerte, se extienden en el tiempo porque son incurables. Esto se vuelve especialmente dramático para quienes están recién comenzando su vida: los niños, y para todo su entorno familiar. El Papa León, en su intención de oración para febrero, nos invita a rezar para que los niños que padecen enfermedades incurables y sus familias reciban la atención médica y el apoyo necesario, sin perder nunca la fuerza y la esperanza.