Aceptar la Pascua supone aceptar la cruz. Creer que Dios puede escribir derecho en renglones torcidos. Que incluso nuestras pruebas, renuncias y dolores, unidos a los de Cristo, pueden dar fruto de vida.
Ser cristiano no es solo aceptar una doctrina, sino seguir a una Persona: Jesucristo. Seguir su modo de vivir, sus criterios, su estilo cotidiano de amor y servicio.
Sabemos por experiencia que no es fácil. El miedo, el cansancio, la tentación de abandonar cuando no vemos resultados rápidos, todo eso aparece. Pero el Señor nos recuerda: “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular”. Lo que el mundo rechaza, Dios lo convierte en fundamento.
El llamado es claro: no repetir la historia de quienes cerraron el corazón, sino construir una historia nueva, más fraterna y más evangélica. Los frutos mostrarán qué estamos sembrando: un Evangelio cómodo y a medida, o el Evangelio vivo del Reino, hecho de amor, justicia y verdad.

