Este Evangelio nos interpela con fuerza: no basta honrar al Señor con los labios si el corazón permanece lejos de Él. La fe verdadera se expresa en un amor que se hace servicio, cercanía y compromiso con los demás.
Creer es entrar en relación con una persona viva, Jesús, y permitir que su amor llegue hasta el centro de nuestro corazón. Estar cerca de Jesús significa dejar que Él habite en nosotros y transforme nuestra vida. Y desde esa presencia interior, dejar que sus gestos de amor y salvación sigan haciéndose visibles hoy, a través de obras concretas, en la vida de su Iglesia.


