Derramar hoy nuestra sangre por fidelidad al Evangelio significa no tener miedo de derramar nuestro tiempo, nuestras fuerzas y nuestras capacidades al servicio del bien de los hermanos. Con la certeza de que solo el Señor es nuestra herencia, vivamos con plenitud la misión que Él nos confía: con palabras valientes y, sobre todo, con una vida coherente, que sea signo profético en un mundo que sigue levantando altares a dioses falsos.
ORANDO CON LA PALABRA


