Cristo no nos salva porque seamos perfectos, sino a pesar de nuestras fragilidades. Nos llama tal como somos. Por eso, siempre está presente la tentación de mirar con dureza los defectos ajenos y de justificarnos a nosotros mismos.
Vivir la Buena Noticia del Reino implica aprender de Jesús: comprender, tolerar, confiar, acoger a las personas como son, para ayudarlas a dar pasos adelante. Él nos llama no por nuestros méritos, sino por su infinita misericordia. Y ese amor no tiene precio, porque vale más que todo.


