En Jesús no hay separación entre lo espiritual y lo corporal. Liberar del pecado, del dolor, del hambre, de la ignorancia o de cualquier forma de muerte es una sola cosa: es salvar a la persona entera. Allí donde el ser humano es levantado, allí está el Reino.
También hoy Jesús quiere decirnos: “levantate”. Nos sana por dentro y nos invita a cargar la camilla, signo de una vida cuidada, vigilante, abierta a la gracia. La salvación es un don, pero también una responsabilidad.
La Iglesia continúa esta misión: anunciar y hacer presente una salvación integral, con creatividad y audacia, guiada por el Espíritu Santo, para que todos puedan experimentar la vida nueva que viene de Cristo.


