A Natanael le costó descubrir al Hijo de Dios en los signos pobres de Jesús de Nazaret. Pero dio el paso decisivo cuando hizo una opción fundamental por Él. Desde la Encarnación, sabemos que Dios se revela en lo pequeño, en lo sencillo, en lo que no impresiona. Por eso, más que certezas, necesitamos pedir fe.
El evangelio de hoy nos recuerda que este camino solo es posible con un corazón abierto, honesto, dispuesto a buscar la verdad sin defensas ni prejuicios. Porque Dios sigue pasando, y solo quien se deja convertir la mirada puede reconocerlo y seguirlo.


