El Adviento es precisamente ese tiempo: un tiempo para creer, un tiempo para aferrarnos a la Palabra viva de Jesús y para dejar que su venida nos renueve por dentro. Es un tiempo de humilde expectativa, sabiendo que ninguno de nosotros es digno de que Él entre en nuestra casa, pero creyendo con todo el corazón que quiere hacerlo de todos modos. Es un tiempo para orar como el centurión: “Señor, ven y saná lo que en mí está enfermo, lo que me impide servir, amar y caminar hacia los hermanos.”
ORANDO CON LA PALABRA


