También hoy corremos el riesgo de buscar a Dios en el cumplimiento externo, en la seguridad de hacer “lo correcto”, pero sin dejarnos tocar por la novedad del amor. Cumplir es más fácil que amar; repetir lo de siempre es más cómodo que arriesgarse a vivir con creatividad la misericordia, el perdón y la entrega. Sin embargo, el Reino no se construye desde la costumbre, sino desde la audacia del amor que no calcula.
Jesús nos llama a ser trabajadores incansables de su Reino, no siervos del deber, sino testigos del Amor. Nos invita a servir sin esperar recompensa, a trabajar sin reclamar derechos, a amar con la misma gratuidad con que Dios nos ama. Esa es la verdadera libertad de los hijos de Dios: servir por amor.

