Sin embargo, sabemos por experiencia que muchas veces nos debatimos entre el bien que deseamos y el mal que realizamos. Llevamos dentro la contradicción del corazón humano. Por eso, aunque el juicio pueda sonar duro, la presencia de peces diversos nos recuerda algo esencial: Dios conoce nuestros tiempos. No todos maduramos al mismo ritmo. No todas las entregas son iguales. Y Él, que es paciente y fiel, espera.
El juicio no debe ser una amenaza que paraliza, sino una esperanza que anima.


