ORANDO CON LA PALABRA

Necesitamos a Jesús como el alma de nuestra vida. Estar unidos a Él, como propone el Evangelio, es acoger su vida; beber de su savia significa asimilar su modo de pensar —que es el del Padre— y realizar las obras que Él realiza.

Sin esta unión personal con Jesús, todo lo que hagamos con nuestras solas fuerzas será estéril. Las personas y las situaciones no cambiarán simplemente por nuestro esfuerzo; solo Jesús puede tocar los corazones y transformar la realidad.

La mayor alegría del Padre, el Viñador, es que demos «fruto abundante». Y, para lograrlo, a veces recurre a la «poda», para que ese fruto sea aún mayor.

Este fruto se manifiesta en una vida con sentido: discípulos que viven con esperanza, con serenidad, alegría y fortaleza en medio de las dificultades. Personas capaces de ayudar a los demás, de sostenerlos en sus fragilidades, porque la seguridad y la fuerza que tienen provienen de Jesús, como la vid alimenta al sarmiento.

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NOTICIAS DEL PAPA LEÓN


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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.