ORANDO CON LA PALABRA

El trabajo del sembrador, según Jesús, es generoso, sin medidas ni cálculos, aunque a veces parezca inútil o infructuoso. Pero siempre habrá un terreno donde la semilla dé fruto abundante. En el Reino de Dios, ningún esfuerzo es en vano. La parábola nos llama a sembrar con confianza, sin limitarnos a ciertos terrenos o a ciertos resultados.

Jesús compara su labor con la del sembrador que siembra sin distinciones, con la esperanza de que las semillas crezcan y den fruto. Así también actúa su amor hacia la humanidad: un amor generoso, que no se reserva nada.

La Iglesia debe asumir esta misión con el mismo espíritu: sembrar sin desanimarse, sin dejarse llevar por cálculos humanos. No sabemos de antemano qué terreno dará fruto y cuál no, porque eso pertenece al juicio de Dios. Como Iglesia evangelizadora y misionera, necesitamos confiar en que la semilla dará fruto, aunque a veces este mundo parezca estéril, lleno de superficialidad, egoísmo o dificultades internas.

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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.