ORANDO CON LA PALABRA

Para Jesús, la familia en el Reino de Dios no se basa en los lazos de sangre, sino en un espíritu común: hacer la voluntad del Padre. Aunque los lazos familiares son importantes, Jesús nos invita a no quedarnos encerrados en ellos. Ser parte de su familia significa amar como él amó, hasta el extremo. No se trata solo de admirar a un hombre excepcional o seguir una norma de vida elevada, sino de ser parte de “los de Jesús”.

Esta familia del Reino es grande y abierta a todos. Por eso María es doblemente su madre: no solo por darle la vida, sino porque fue “la humilde servidora de Dios”. Antes de su maternidad física, María tuvo una relación más profunda con Jesús: la de la fe.

En esta nueva familia del Reino, somos hermanos y compañeros, unidos por la gracia y comprometidos con el Reino de Jesús como el sentido de nuestra vida. Cuando dejamos que el Reino tome nuestro corazón y transforme nuestra vida diaria, todos los que caminan en la misma dirección se convierten en “mi madre y mis hermanos”.

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INTENCIONES DEL PAPA

La vida humana es un don sagrado que merece ser acogido, protegido y cuidado en todas sus etapas. Sin embargo, en muchas partes del mundo persisten situaciones de indiferencia, exclusión y violencia que amenazan la dignidad de las personas, especialmente de las que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Cuando se debilita el respeto por la vida, crece también la cultura del descarte, dejando a muchos sin la atención, el acompañamiento y el reconocimiento que necesitan.