EL P. OBISPO JORGE EDUARDO EN LA PARROQUIA DE LA SMA. EUCARISTÍA

En su homilía, nuestro Padre y Pastor recordó que somos el pueblo de Dios. “Somos en Cristo, por Cristo, por su Cuerpo y por su Sangre, un pueblo eucarístico. Esa es nuestra identidad”.

Reflexionando sobre el Evangelio del domingo, expresó “somos una multitud hambrienta, con necesidades, que seguimos a Jesús. Nuestra identidad es el hambre, la pobreza, estamos en el desierto del mundo. Y no nos da vergüenza hablar de nuestras miserias, de nuestra pobreza, de nuestra vulnerabilidad…

Somos un pueblo alimentado por el mismo Señor. Sin Dios estamos perdidos, Él es nuestro alimento”, manifestó.

“La Iglesia es esa multitud hambrienta, alimentada por el Señor constantemente”.

Más adelante, el Padre Obispo Jorge Eduardo recordó que en la Misa, Dios nos alimenta de una manera especial: con su Palabra, con su Cuerpo, con su Sangre, nos alimenta con la fraternidad, con la comunión: “Dios nos alimenta. Pero además, Él plenifica nuestra vida. Dios no nos deja abandonados”.

Hacia el final de su homilía, el Arzobispo, animó a la comunidad a compartir la vida especialmente con aquellos que más lo necesitan, los más frágiles, enfermos, alejados, los más pobres, siendo Iglesia en salida.

“El Señor se ha quedado con nosotros. Recemos por toda la Iglesia para que en este tiempo podamos ser el pueblo de Dios que camina confiando en Él”

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Hay conflictos y tensiones que ponen en riesgo la vida y la convivencia entre los pueblos, y que pueden extenderse durante años si no se elige el camino del diálogo y la reconciliación. Esto se vuelve especialmente preocupante para los más vulnerables y para las futuras generaciones. El Papa León, en su intención de oración para marzo, nos invita a rezar para que las naciones renuncien a las armas, adopten la diplomacia y la justicia, y busquen la verdadera seguridad basada en la confianza y la solidaridad entre los pueblos.