Santa Faustina Kowalska, virgen y mártir

Puede ser una imagen de 1 persona y texto que dice "SANTA FAUSTINA KOWALSKA 05 de Octubre "CONFIAR EN LA DIVINA MISERICORDIA" I JESUS, ভtതত JESUS, IN ይልti YOU. TRUST"

Religiosa de las Hermanas de la Bienaventurada Virgen María de la Misericordia.

Nace en Glogowiec, Polonia.

En 1924 en una visión, Nuestro Señor le invita a ingresar en el convento de Varsovia.

En 1925, se afilia a la Congregación de las Hermanas de la Bienaventurada Virgen María de la Misericordia, dedicadas al auxilio de niñas pobres y abandonadas, ahí adopta el nombre de Faustina.

Durante su noviciado (1926) inicia su periodo de experiencias místicas. Realiza humildes tareas en diversos conventos.

En 1931 inician las apariciones del Señor de la Misericordia, quien le indica propague su veneración; por esto se le conoce como «Apóstol de la Divina Misericordia». Además de las manifestaciones de Jesús, tuvo el privilegio de ver a la Virgen María, así relata esta visión: «en la fiesta de la Inmaculada Concepción vi a la santísima Madre de Dios, bella con belleza incomparable».

Muere víctima de la tuberculosis en la Casa Generalicia de su Orden en Lagiewniki (Cracovia).

Fue canonizada por san Juan Pablo II (1978-2005; 22 de octubre) en el año 2000.

En su diario dejó plasmadas bellas reflexiones, como la siguiente: «Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera, la acción; la segunda, la palabra; la tercera, la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí«.

¡BIENVENIDO!

NOTICIAS DEL PAPA LEÓN


AGENDA

DÍAS Y HORARIOS

Secretaría:
Miércoles y Viernes: 15:30 a 18:00 hs
Cáritas:
Martes y viernes de 15:00 a 17:30 hs
Misas en la Parroquia:
Miércoles a Sábados: 18.30 hs
Domingos: 10 hs

I SÍNODO ARQUIDIOCESANO – DOCUMENTO FINAL

3 MINUTOS DE RETIRO

INTENCIONES DEL PAPA

Hay heridas que muchas veces permanecen invisibles y que se viven en la más profunda soledad. Quienes atraviesan una enfermedad mental suelen enfrentar, además del propio sufrimiento, el peso del estigma y la indiferencia de quienes miran hacia otro lado. Frente a esta realidad, la Iglesia está llamada a ser casa abierta, comunidad que escucha sin juzgar y que acompaña.