«La otra cara del mismo vicio es el pelagianismo de los píos. Ellos no quieren tener ningún perdón y, en general, ningún don de Dios. Ellos quieren estar en orden: ningún perdón, sino justa recompensa. Querrían no esperanza, sino seguridad. Con un duro rigorismo de ejercicios religiosos, con oraciones y acciones, ellos quieren procurarse un derecho a la bienaventuranza. Les falta la humildad esencial para cualquier amor, la humildad de recibir dones más allá de nuestras acciones y lo que merecemos. La negación de la esperanza a favor de la seguridad ante la que ahora nos encontramos se funda en la incapacidad de vivir la tensión hacia lo que debe venir y abandonarse a la bondad de Dios. Así, este pelagianismo es una apostasía del amor y de la esperanza, pero, en lo profundo, también de la fe».
J. Ratzinger



