Comisión Episcopal de Pastoral Social
Carta Abierta a nuestros legisladores nacionales
SOBRE LA PROTECCIÓN DE LOS GLACIARES
Desde la Comisión Episcopal de Pastoral Social, fieles a nuestra misión de promover el bien común y la custodia de la creación, nos dirigimos a las Señoras y Señores Legisladores, a quienes el pueblo ha confiado la noble tarea de dictar las leyes que aseguren la justicia, la paz y el respeto a la Constitución Nacional.
“La Iglesia tiene una responsabilidad de respeto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo” [CV 51]
En este contexto, observamos y escuchamos con profunda preocupación el clamor de numerosas comunidades, científicos organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos conscientes ante la posibilidad de que se modifique la Ley Nº 26.639 de Presupuestos Mínimos para la Protección de los Glaciares y del Ambiente Periglacial. Esta norma, fruto del consenso político, social y científico, ratificada por nuestros legisladores después de haber sido vetada en su totalidad por la presidencia, representa un hito fundamental en la protección de reservas estratégicas de agua dulce, ecosistemas únicos y un patrimonio natural de valor incalculable para las generaciones presentes y futuras.
Los glaciares no son simples recursos económicos. Son fuentes de agua y de vida, reguladores del clima y del ciclo hídrico. Son verdaderas “catedrales de agua” que sustentan a las poblaciones, las actividades productivas y la biodiversidad de vastas regiones de nuestro país. “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.” [LS 30] [AFV 50] Su afectación impacta primero y con mayor crudeza en los más pobres y en las comunidades originarias que dependen de esos ecosistemas. Reafirmamos, en este sentido, que el agua que mana de estos reservorios naturales, es «un derecho universal e inalienable” [CDSI 485] porque «el derecho al agua, al igual que todos los derechos humanos, está fundado en la dignidad y no en estimaciones de carácter puramente cuantitativo».1
La Doctrina Social de la Iglesia nos enseña que el desarrollo verdadero no puede reducirse al mero crecimiento económico, sino que debe ser integral, sostenible y respetuoso de la dignidad humana y de la naturaleza. Toda actividad productiva debe someterse a estos principios y al cuidado de los bienes públicos universales porque “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza. [LS 139]
La actual Ley de Glaciares establece un piso de protección que no puede ser relativizado en favor de intereses sectoriales o de corto plazo. Por ello, exhortamos con firmeza y esperanza a nuestros legisladores a que:
- Mantengan y fortalezcan el espíritu y los presupuestos mínimos de protección establecidos por la Ley de Glaciares.
- Prioricen, en cualquier debate, la defensa de la vida, el agua y la integridad de los ecosistemas por sobre cualquier otro interés, recordando que “el auténtico desarrollo humano posee un carácter moral y supone el pleno respeto a la persona humana, pero también debe prestar atención al mundo natural y «tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexión en un sistema ordenado».” [LS 5]
- Escuchen la voz de las comunidades locales y de los científicos, actores esenciales para un discernimiento prudente, equitativo, racional y respetuoso del Convenio Nº 169 de la OIT y del Acuerdo de Escazú.
- Promuevan un modelo de desarrollo nacional que armonice la producción con la ecología integral, buscando alternativas que no comprometan recursos naturales críticos e irrecuperables, honrando así el carácter de herencia sagrada que poseen estas fuentes de agua.
- Recuerden que en el mundo “todo está conectado” y que es imprescindible “buscar otros modos de entender la economía y el progreso”. [LS 16]
Al inaugurar la Conferencia Brindando Esperanza por el 10º Aniversario de la Encíclica Laudato S’[2], León XIV dijo que «Dios nos preguntará si hemos cultivado y cuidado el mundo que Él creó para beneficio de todos y para las generaciones futuras, y si hemos cuidado de nuestros hermanos y hermanas. ¿Cuál será nuestra respuesta?». “Ha llegado el momento de volver a prestar atención a la realidad con los límites que ella impone, que a su vez son la posibilidad de un desarrollo humano y social más sano y fecundo.” [LS 116]
“Si reconocemos el valor y la fragilidad de la naturaleza, y al mismo tiempo las capacidades que el Creador nos otorgó, esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso material sin límites. Un mundo frágil, con un ser humano a quien Dios le confía su cuidado, interpela nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder. [LS 78]
Confiamos en la sabiduría y en el amor patrio de nuestros representantes para tomar decisiones valientes y proféticas que nos unan como Nación en torno a la protección de la vida en todas sus formas. Como nos recuerda el Papa Francisco, “no podemos dejar de considerar los efectos de la degradación ambiental, del actual modelo de desarrollo y de la cultura del descarte en la vida de las personas.” [LS 43] En particular, teniendo en cuenta que “El planeta ha entrado en la era de la Bancarrota Global del Agua… y partes del capital hídrico y natural—ríos, lagos, acuíferos, humedales, suelos y glaciares—han sido dañados hasta perder perspectivas realistas de recuperación total”.[3]
Ojalá quienes intervengan sean estrategas capaces de anteponer el bien común a los intereses particulares, desde una solidaridad intergeneracional que considere el futuro de nuestros hijos y del planeta, mostrando así la nobleza de la política y no su vergüenza. [LD 60]
Comisión Nacional de Pastoral Social
Conferencia Episcopal Argentina
[1]Pontificio Consejo Justicia y Paz (2008). Agua, un elemento esencial para la vida. Ciudad del Vaticano. Obtenido de https://www.humandevelopment.va/content/dam/sviluppoumano/water-resources/11.pdf
[2] León XIV. (2025). Raising Hope for Climate Justice Conference. Castel Gandolfo. Obtenido de https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2025/10/1/conferenza-mariapoli.html
[3] United Nations University. (2026). Global Water Bankruptcy. Ontario, Canadá. doi:https://doi.org/10.1007/s11269-025-04484-0

