LA IGLESIA SINODAL ES MISIONERA. LA IGLESIA MISIONERA ES SINODAL

Carlos María Galli, decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina, miembro de la Comisión Teológica Internacional – Coordinador del Equipo Teológico – Pastoral del CELAM intervino con un aporte en la 8ª Congregación General sobre ‘Corresponsabilidad sinodal en la misión evangelizadora’. El teólogo argentino aportó una serie de claves:

  • La primera que «la Iglesia sinodal es misionera. La Iglesia misionera es sinodal».
  • La segunda clave del profesor es que «la corresponsabilidad de todos los bautizados en la misión».
  • La tercera: «El Intercambio de dones y tareas al servicio del Evangelio».

Corresponsabilidad sinodal en la misión evangelizadora.

¿Cómo compartir dones y tareas al servicio del Evangelio?

El Instrumentum laboris sitúa el tema Corresponsabilidad en la misión en el centro del discernimiento (B.2). Se refiere al intercambio entre las iglesias al considerar la comunión (IL 35) y la misión (IL 22, 41). Inspira una cuestión previa a las cinco preguntas: ¿Cómo compartir dones y tareas al servicio del Evangelio? Esta reflexión teológica piensa la unión intrínseca entre la sinodalidad y la misión (1); la corresponsabilidad de los bautizados (2); el intercambio al servicio del Evangelio (3).

 1. La Iglesia sinodal es misionera. La Iglesia misionera es sinodal.

1. La Constitución Episcopalis Communio señala la finalidad evangelizadora del Sínodo.

“Hoy, en un momento histórico en el que la Iglesia se adentra en ‘una nueva etapa evangelizadora’ [EG 1], que le pide constituirse «en todas las regiones de la tierra en un ‘estado permanente de misión’» [EG 25], el Sínodo de los Obispos está llamado, como cualquier otra institución eclesiástica, a convertirse cada vez más en ‘cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación’ [EG 27]).[1]

2. La Iglesia, como la Trinidad y la Eucaristía, es un misterio de comunión misionera. El Sínodo dedicado a los jóvenes elaboró la expresión integradora sinodalidad misionera.[2]  Hizo una recepción creativa del documento de la Comisión Teológica Internacional sobre la sinodalidad, que afirma:

“En la Iglesia, la sinodalidad se vive al servicio de la misión. «La Iglesia peregrina es misionera por su propia naturaleza» (Ecclesia peregrinans natura sua missionaria est) (AG 2), «ella existe para evangelizar» (EN 14). Todo el Pueblo de Dios es el sujeto del anuncio del Evangelio. En él, todo Bautizado es convocado para ser protagonista de la misión porque todos somos discípulos misioneros” (SIN 53).[3]

El texto cita el decreto conciliar Ad gentes: «La Iglesia peregrina es misionera por naturaleza» (AG 2) y la exhortación Evangelii nuntiandi de Pablo VI: «la Iglesia existe para evangelizar» (EN 14).

3. Al abrir este proceso sinodal el Obispo de Roma condensó esas líneas maestras del Concilio.[4] El Documento Preparatorio para esta Asamblea identifica Iglesia sinodal e Iglesia en salida (DP 15). La Constitución Praedicate Evangelium señala el vínculo entre la sinodalidad y la misión (PE 4).[5] El Documento para la Etapa Continental dice que la sinodalidad conduce a la renovación misionera.[6] El texto de la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe expresa: “la Iglesia en camino, peregrina hacia el Reino pleno, es misionera porque es sinodal y es sinodal porque es misionera”.[7] El Instrumentum laboris afirma: “La misión constituye el horizonte dinámico a partir del cual pensar la Iglesia sinodal, a la cual imprime un impulso hacia el ‘éxtasis’, que consiste en salir de sí” (IL 51).

4. El Concilio Vaticano II desarrolló la expresión natura missionaria para decir que la misión es esencial.[8] Ella surge “de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (AG 2). Una eclesiología dinámica afirma no sólo que la Iglesia tiene una misión, sino que la misión del Dios trino tiene una Iglesia.[9] La Iglesia peregrina es histórica – escatológica. Estamos en camino, somos sinodales misioneros, vamos juntos anunciando el Evangelio del Reino de Dios. La sinodalidad es misionera, la misión es sinodal. La frase Iglesia sinodal misionera (IL 54) refuerza la eclesialidad y el dinamismo del emvío: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28,19).

 2. La corresponsabilidad de todos los bautizados en la misión.

1. Jesús prometió a los apóstoles: «Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes y serán mis testigos… hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8). El Espíritu es el agente principal de la evangelización (EN 75). La reunión celebrada en Jerusalén es el modelo de la vida sinodal al servicio de la misión (cf. Hch 15,1-35). El discernimiento realizado bajo la guía del Espíritu confirmó la vocación universal del Pueblo que Dios forma en y desde los pueblos de la tierra (Hch 15,14).

2. El Espíritu “distribuye sus dones a cada uno según quiere” (1 Co 12,11). “A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para utilidad común” (1 Co 12,7). Los bautizados y las bautizadas estamos llamados a compartir los dones y las tareas en cada iglesia local – diócesis o eparquía -, en las agrupaciones de iglesias particulares a nivel regional, nacional y continental, y en la Iglesia entera.

3. Siguiendo al Vaticano II y a Pablo VI el Papa Francisco enseña que todo el Pueblo de Dios anuncia el Evangelio (EG 111-134; cf. AG 35, EN 59).[10] Lo que es de todo el Pueblo de Dios pertenece a todos en el Pueblo de Dios. El movimiento va del nosotros al yo: la Iglesia es el sujeto comunitario de la misión y en ella cada uno está llamado a evangelizar. Todo cristiano puede decir “¡Ay de mí si no evangelizara!” (1 Co 9,16) y “yo soy una misión” (EG 273). Somos una misión, “todos somos siempre discípulos misioneros” (EG 119-121) y por eso hoy reflexionamos sobre la misión (B.2.1).

4. El bautismo y la fe fundan la vocación universal a la santidad y a la misión. Cada cristiano está llamado a la plenitud del amor y al anuncio del Evangelio. Intensificar la corresponsabilidad debería ayudarnos a ver cómo los carismas laicales enriquecen a las comunidades cristianas y mejoran la vida de los pobres; cómo recrear vínculos de mutualidad, reciprocidad y complementariedad entre el varón y la mujer; cómo reconocer y promover la dignidad de las mujeres en la Iglesia (B.2.2-3).

5. Se conversará sobre el intercambio entre personas, comunidades, instituciones y movimientos en la iglesia local; y sobre las dificultades para articular al laicado, la vida consagrada y el ministerio ordenado en una Iglesia ministerial (B.2.2). Hay varios tipos de ministerios y ministros que tienen su raíz en el Bautismo. Estables: las madres y los padres; espontáneos: los rezadores populares; reconocidos: los voluntarios de Caritas o los cantores litúrgicos; instituidos: los laicos catequistas. Hay nuevos: mi padre era ministro de la escucha en su parroquia. También se analizarán los ministerios ordenados en clave misionera (B.2.4; B.2.5). Todos podemos avanzar en la conversión pastoral.

 3. El Intercambio de dones y tareas al servicio del Evangelio.

1. Al tratar la catolicidad la Constitución Lumen Gentium se refiere a las riquezas culturales y a las diversidades eclesiales. En ese contexto considera el intercambio entre las iglesias.

“De aquí dimanan vínculos de íntima comunión (vincula intimae communionis) entre las diversas partes de la Iglesia en lo que se refiere a las riquezas espirituales, los trabajadores apostólicos y las ayudas temporales. Los miembros del Pueblo de Dios están llamados a compartir los bienes (ad communicandum enim bona), y a cada iglesia pueden aplicarse estas palabras del Apóstol: ‘El don que cada uno haya recibido, póngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios’ (1 Pe 4,10)” (LG 13c).

2. La gracia hace que el evangelizado se vuelva evangelizador y el discípulo se convierta en misionero. Las iglesias antiguas trasmiten la fe y forman nuevas iglesias que, al crecer, dan desde su pobreza y se tornan iglesias hermanas. Muchos inmigrantes se convierten en misioneros espontáneos y ayudan a dinamizar la fe. Llevan consigo no sólo sus pobrezas, necesidades y pecados, sino también sus riquezas, valores y virtudes, sobre todo su fe, que puede ofrecer un valioso aporte evangelizador.

3. La comunión de bienes pertenece al estilo de vida que reflejan los sumarios de los Hechos:

“Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común (koinonía), en la fracción del pan y en las oraciones… Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno…” (Hch 2,42-47).

El Concilio llama dona et bona a las cosas que se comparten. Lumen gentium 13 menciona tres grupos de bienes: riquezas espirituales (divitias espirituales), trabajadores apostólicos (operarios apostólicos), recursos materiales (temporalia subsidia). Todos juntos forman la multiforme gracia de Dios.

4. Entre las riquezas espirituales están la autocomunicación de Dios, el Cuerpo de Cristo, la vida del Espíritu, la Palabra, la gracia, la Iglesia. Estos bienes fundan la communio sanctorum. Esa fórmula del Credo tiene dos sentidos interconectados: comunión entre las personas santas (sancti) y en las cosas santas (sancta).[11] La Eucaristía es comunión y participación. “Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo porque participamos de ese único pan” (1 Co 10,17). Las riquezas espirituales incluyen los tesoros del Pueblo de Dios: la revelación, la caridad, la santidad, la sabiduría, la liturgia, la espiritualidad, la cultura, el arte, el kerigma, la teología, etc.

5. El operario apostólico es el evangelizado evangelizador. El primer bien que comparte es su persona porque el amor es la donación de sí. San Pablo dice: “Sentíamos por ustedes tanto amor, que queríamos darles no sólo el Evangelio de Dios sino también nuestra propia vida: tan queridos llegaron a sernos” (1 Tes 2,8). Los talentos son dones para madurar en favor de los demás (Mt 23,14-30). El tiempo es la vida que damos como trabajadores de la primera hora o de la última (Mt 20,1-16).

6. “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos” (Hch 4,32). Si compartimos dones espirituales, ¿cómo no comunicar los bienes materiales? “Resolvieron hacer una colecta (koinonia) en favor de los santos de Jerusalén… Lo hicieron espontáneamente, aunque en realidad estaban en deuda con ellos. Porque si los paganos participaron de sus bienes espirituales, deben a su vez retribuirles con bienes materiales” (Rm 15,26-27). En la Conferencia de Aparecida los directores de Adveniat y Misereor, que ayudan mucho a nuestras iglesias, nos agradecieron la vitalidad de la fe y el amor a los pobres.

7. ¿Cómo compartir dones y tareas? “Den gratuitamente lo que han recibido gratuitamente” (Mt 10,8). La misión sirve al don del encuentro con Cristo por desborde, testimonio, anuncio, atracción.

El amor de Dios es mucho más (pollô mallon) que el pecado: «Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos» (Rm 5,15). Pablo modificó el verbo abundar (perisseuo), agregó el prefijo “sobre” (hyper), creó el verbo sobreabundar. «Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rm 5,17). La lógica del mucho más genera esperanza.[12]

Con esa esperanza deseo que, por la acción del Espíritu, allí donde abunda la comunión sobreabunde la sinodalidad y allí donde abunda la sinodalidad sobreabunde la misión.

[1] Francesco, Costituzione Apostolica Episcopalis Communio sul Sinodo dei Vescovi, Vaticano, LEV, 2018, 1.
[2] Sinodo dei vescovi, I giovani, la fede e il discernimento vocazionale, Vaticano, LEV, 2018, 118.
[3] Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y la misión de la Iglesia, Buenos Aires, Agape, 2018. Cf. S. Madrigal (ed.), La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia. Comentario teológico, Madrid, BAC, 2019.
[4] Cf. Francisco, Discurso en el inicio del proceso sinodal. 9 de octubre de 2021, acceso el 10 de octubre de 2023, https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2021/october/documents/20211009-apertura-camminosinodale.html
[5] Francesco, Costituzione Apostolica sulla Curia romana Praedicate Evangelium, Vaticano, LEV, 2022, Preambolo, 4.
[6] Secretaría General del Sínodo, “Ensancha el espacio de tu carpa” (Is 54,2). Documento de Trabajo para la Etapa Continental. Sínodo 2021-2024. Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión, Vaticano, LEV, 2022, 99.
[7] CELAM – Asamblea Eclesial, Hacia una Iglesia sinodal en salida a las periferias. Reflexiones y propuestas pastorales de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, Bogotá, CELAM, 2022, 133.
[8] Cf. S. Mazzolini, La Chiesa é essenzialmente missionaria, Roma, LEG, 1999, 102-111 y 232-251.
[9] Cf. S. Dianich, Chiesa estroversa, Milano, Paoline, 1987, 114.
[10] Cf. C. M. Galli, “Il Popolo di Dio missionario”, in: G. Tangorra (ed.), La Chiesa mistero e missione. A cinquant’anni dalla “Lumen gentium” (1964-2014), Vaticano, Lateran University Press, 2016, 251-290.
[11] “Los fieles (sancti) se alimentan con el Cuerpo y la Sangre de Cristo (sancta) para crecer en la comunión con el Espíritu Santo (koinônia) y comunicarla al mundo” (Catecismo de la Iglesia Católica, 948).
[12] Cf. P. Ricoeur, Introducción a la simbólica del mal, Buenos Aires, La Aurora, 1976, 141-165.

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