En el contexto del Año de la Oración, la formación y la dedicación orante del Pueblo de Dios y de cada fiel, asume una relevancia especialmente significativa. Bajo esta perspectiva, la oración se convierte, aún más, en un acto de auténtica comunión, no solo entre el individuo y Dios, sino entre todos los miembros de la Iglesia, uniéndolos en una única voz que desde la tierra sube hasta el Cielo.

La oración es la primera fuerza de la esperanza. Tú rezas y la esperanza crece, avanza. Yo diría que la oración abre la puerta a la esperanza. La esperanza está ahí, pero con mi oración le abro la puerta. Porque los hombres de oración custodian las verdades basilares; son los que repiten, primero a sí mismos y luego a todos los demás, que esta vida, a pesar de todas sus fatigas y pruebas, a pesar de sus días difíciles, está llena de una gracia por la que maravillarse».

Papa Francisco

Para vivir en un acto de perfecto amor, me ofrezco como víctima de holocausto a vuestro amor misericordioso, suplicándoos que me consumáis sin cesar, dejando desbordar, en mi alma, las olas de ternura infinita que tenéis encerradas en vos y que, de ese modo, me convierta en mártir de vuestro amor, ¡oh, Dios mío! Que este martirio, después de prepararme para presentarme ante vos, me haga finalmente morir y que mi alma se lance sin tardanza en el abrazo eterno de vuestro amor misericordioso.
Quiero, ¡oh, Amado mío!, a cada latido de mi corazón, renovar esta ofrenda un número infinito de veces, hasta que las sombras se hayan desvanecido y pueda repetiros mi amor en un cara a cara eterno.

Santa Teresa del Niño Jesús

¡Oh, Dios mío, Trinidad Bienaventurada!, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la Santa Iglesia, salvando las almas que están en la tierra y librar a las que sufren en el purgatorio. Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y alcanzar el puesto de gloria que me habéis preparado en vuestro reino. En una palabra, deseo ser santa, pero comprendo mi impotencia y os pido, ¡oh, Dios mío!, que seáis vos mismo mi santidad.

Santa Teresa del Niño Jesús

La vida sobrenatural de un alma se mide por su unión con Dios por medio de Jesucristo, en la fe y en el
amor. Es necesario que este amor produzca actos; pero estos actos, para ser producidos en modo regular e intenso, requieren de la vida de oración.
Se puede asegurar que, de ordinario, nuestro progreso en el amor divino depende prácticamente de nuestra vida de oración.

Beato Columbia Marmion

El autor principal de nuestra perfección y de nuestra santidad es Dios mismo, y la oración mantiene el alma en un contacto frecuente con Dios. Ella enciende y, después de haber encendido, mantiene el alma como una chimenea, en la cual el fuego del amor arde siempre, aun cuando sea de forma discreta. Apenas esta alma se pone en comunicación directa con la vida divina, por ejemplo, en los sacramentos, es como si un soplo fuerte la incendiara, la levantara, la llenara con una sobre abundancia maravillosa.

Beato Columbia Marmion

Nada te turbe, nada te espante;
todo se pasa, Dios no se muda;
la paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene nada le falta.
Sólo Dios basta.

Santa Teresa der Ávila

La peregrinación es una experiencia de conversión, de cambio en la propia existencia para orientarla hacia la santidad de Dios. Así como prepararemos nuestra peregrinación para el Jubileo 2025, se podrán realizar en 2024, Año de la Oración, peregrinaciones significativas a los monasterios de la propia diócesis, oportunamente preparados y con modalidades diversas…

«Yo lo miro y Él me mira», decía, en tiempos del Santo Cura, un campesino de Ars en oración delante del Tabernáculo. La oración contemplativa es escucha de la Palabra y obediencia de la fe. La oración contemplativa es también silencio y unión a la oración de Cristo en la medida en que hace participar en su misterio pascual.

Siempre se puede entrar en oración contemplativa, independientemente de las condiciones emocionales, de trabajo o de salud. Es la oración del hijo de Dios, del pecador perdonado que se abre para acoger el amor con que es amado y que quiere corresponder amando más. La oración contemplativa es comunión con Dios, es mirada de fe fija en Jesús.